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Fin del soporte de Windows 10: cómo planificar la migración a Windows 11 en tu empresa

Por Abant SistemasPublicado el Actualizado el

El 14 de octubre de 2025 Microsoft dejó de publicar actualizaciones de seguridad gratuitas para Windows 10, y en octubre de 2026 terminó también el primer año de actualizaciones de pago. Desde entonces, cada equipo que siga con ese sistema acumula vulnerabilidades sin parchear: un riesgo creciente para cualquier empresa y una bandera roja en cualquier auditoría de seguridad.

Si tu empresa aún tiene puestos con Windows 10 en producción, la migración ya no es una recomendación. Esta guía explica cómo afrontarla de forma ordenada.

Qué implica quedarse en Windows 10

Seguir trabajando sin soporte tiene tres consecuencias, y ninguna de ellas es inmediata: por eso el problema se pospone tan fácilmente.

La primera es la exposición a nuevas vulnerabilidades. Los fallos que se descubran a partir de ahora no tendrán parche oficial, así que la superficie de ataque de cada equipo sólo crece con el tiempo.

La segunda es el incumplimiento regulatorio. Normativas como el RGPD, NIS2 o el Esquema Nacional de Seguridad exigen mantener el software con soporte activo. Un auditor puede considerar no conforme un parque con sistemas obsoletos, y cada vez más clientes lo preguntan en sus cuestionarios de proveedor.

La tercera es la incompatibilidad progresiva. Los fabricantes de antivirus, ERP y suites ofimáticas van retirando el soporte para Windows 10, así que poco a poco las herramientas dejan de actualizarse en esos equipos.

¿Y las actualizaciones de pago (ESU)?

Microsoft vende Extended Security Updates (ESU) para empresas, pero salen más caras cada año. El primer año terminó el 13 de octubre de 2026; el segundo cuesta 122 dólares por equipo, el doble que el primero, y el tercero y último, 244 dólares, con cobertura hasta octubre de 2028. Sirven para ganar unos meses en los equipos que no se pueden migrar todavía, no como plan: con lo que cuestan tres años de ESU se paga buena parte de un equipo nuevo.

Paso 1: inventariar el parque actual

Antes de migrar nada hay que saber exactamente qué hay. Un inventario útil recoge, por cada equipo:

  • Modelo, edad y especificaciones.
  • Versión exacta de Windows 10 instalada.
  • Software crítico y sus versiones.
  • Periféricos que dependen del equipo: impresoras, escáneres, lectores, plotters.

Windows 11 exige requisitos de hardware concretos —procesador compatible, TPM 2.0, arranque seguro— que dejan fuera a buena parte de los equipos anteriores a 2019. El inventario dirá cuántos pueden actualizarse y cuántos hay que sustituir, que es lo que determina el presupuesto.

Paso 2: decidir actualización o renovación

Para cada equipo la decisión se reduce a tres opciones:

  1. Actualización in situ a Windows 11 si el hardware cumple requisitos y el equipo tiene menos de cuatro años.
  2. Sustitución por hardware nuevo si no es compatible o está cerca del fin de su vida útil.
  3. Migración a Linux en perfiles muy concretos —kioscos, puestos de producción especializados— donde el software lo permita.

Si toca sustituir, conviene aprovechar para subir el almacenamiento a SSD NVMe y la memoria a 16 GB. El salto de productividad percibido por el usuario suele venir más de ahí que del propio sistema operativo.

Paso 3: preparar el plan de despliegue

Una migración ordenada contempla como mínimo cuatro cosas:

  • Copias de seguridad verificadas de cada equipo antes de tocar nada. Verificadas quiere decir restauradas de prueba, no sólo ejecutadas.
  • Provisionamiento automatizado con Intune o Autopilot, para que los equipos nuevos se configuren solos y lleguen listos al usuario.
  • Políticas de seguridad alineadas con Entra ID, cifrado de disco obligatorio y verificación en dos pasos para todos.
  • Comunicación al usuario: cuándo le toca, qué cambia y a quién preguntar.

Un parque de treinta a cincuenta equipos se migra en dos o tres semanas si está bien planificado, con ventanas por departamento para no parar el negocio. Lo que alarga los proyectos casi siempre son las excepciones: el equipo con el software antiguo que nadie quiere tocar, el plotter sin controlador para Windows 11, la aplicación del proveedor que ya no da soporte.

Paso 4: aprovechar para modernizar la arquitectura

La migración es también una oportunidad, porque el coste de tocar cada equipo ya está pagado. Muchas empresas aprovechan para:

  • Mover las identidades a Microsoft Entra ID y abandonar el Directorio Activo local cuando ya no aporta nada.
  • Implantar Intune para gestionar los equipos en remoto, sin depender de la VPN.
  • Revisar las políticas de correo y las protecciones anti-phishing.
  • Centralizar la autenticación con inicio de sesión único y claves de acceso, para ir eliminando contraseñas.
El error más caro no es migrar tarde: es migrar equipo a equipo sin cambiar nada más y encontrarse dentro de tres años exactamente en el mismo sitio.

Conclusión práctica

Si aún quedan equipos con Windows 10, el orden correcto es inventariar primero, decidir después y comprar al final. La parte que más cuesta no es instalar el sistema operativo, sino gestionar las excepciones y acompañar a los usuarios durante las primeras semanas.

Y si el parque mezcla Mac y PC, conviene que quien lo planifique domine los dos entornos: buena parte de los problemas de una migración aparecen justo en la frontera entre ambos.

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